Una empresa tiene todo dentro de sí misma para poder transformarse

28. febrero 2019 | Por | Categoria: Creación de Empresas
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“Una empresa puede pasar de ser algo feo, soso, sin nada, a ser una mariposa. Tiene todo dentro de sí misma para poder transformarse”. Esta es la máxima de Chrysalida consultoría. Por ello, su lema es eclosión y medida del valor. Puy Monleón y Artemis Úriz son las emprendedoras que están detrás de esta microcooperativa.

Como explican estas emprendedoras, el objetivo de Chrysalida es ayudar a las empresas a tener mayor rentabilidad a través de la aportación de valor de las personas, midiendo esa aportación y desarrollándola.

La gestión de personas nunca ha tenido una medición objetiva en las organizaciones y, por eso, ratifican, en el momento en que “se es capaz de medir esa aportación de valor, estás dando valor a la organización”. “Estamos consiguiendo que esa gestión tenga mucho más empaque en el proceso de negocio y que termine siendo parte del core businness, del centro del negocio, al igual que son las finanzas, la innovación o la producción”, añaden.

 Para Puy y Artemis, muchos empresarios dicen que su capital más importante son las personas, pero luego se ven muchísimos síntomas de que están mintiendo. No dedican tiempo ni esfuerzo en trabajar con las personas y, además, están perdiendo un alto porcentaje de la rentabilidad. Lo tienen medido y estudiado.

Además, la optimización de la masa salarial viene con la medida y la aportación de valor. Una empresa no es una ONG. Está para ganar dinero porque si no desaparece, y claro, todo influye. Por eso, optimizar la masa salarial, que es un coste fijo y bastante alto, es un éxito”, apuntan.

Cada vez están teniendo una demanda más importante de su servicio de medida de la aportación de valor porque las empresas van tomando conciencia de la necesidad de medir y, sobre todo, de gestionar la aportación de valor de las personas. “Las empresas tienen que entender, y normalmente lo conseguimos, que una baja aportación de valor de una persona en una organización, normalmente, no es porque la persona sea tonta, o vaga, sino porque no se le ha dado la cancha suficiente para poder aportar. El ambiente que se genera hace que las personas generen valor”, confirman.

Cinco aportadores de valor

Para hacer esta medición, trabajan en base a cinco aportadores de valor: compromiso, la toma de decisiones, la inteligencia social, la innovación y el conocimiento, y la estructuración del trabajo. Si ven que hay más déficits en unos que en otros, les facilita el trabajo ya que se centran en ellos. Han desarrollado un cuestionario estándar, al que han llamado What do we do, donde quedan reflejados los aportadores de valor y el peso que tiene cada uno, y que pueden adaptar a las necesidades de cada cliente.

“Las preguntas siempre son sobre comportamientos concretos. Por ejemplo, si se para una máquina, ¿qué hace un trabajador? ¿Se va a la cafetera, se lo comunica a su jefe, intenta arreglarla? Ante una misma situación, los trabajadores actúan de diferente manera, por tanto la aportación de valor también es diferente”, indican.

Una vez que los empleados contestan a las preguntas, en el ordenador o en el móvil, reciben las respuestas, las estudian y remiten a la empresa un informe sobre el modo en que se aporta valor en su organización e indicaciones claras sobre cómo maximizar esta aportación de valor. En este punto, hay acciones en las que ellas no pueden ayudar, como las tecnológicas, pero sí en las relacionadas con el desarrollo de personas, para las que trabajan con tres palancas específicamente: el desarrollo de liderazgo, el trabajo en equipo y la comunicación interna.

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“Con estas tres palancas logramos que esas aportaciones de valor aumenten. Hacemos plan de trabajo y les acompañamos de una manera muy directa. En el momento en que pasamos a trabajar en el proyecto dentro de la organización, lo que aportamos diferente es que seguimos midiendo el resultado”, explican.

Artemis y Puy han conseguido que esa aportación de valor la puedan aplicar a un sector concreto, a una empresa, un departamento, un grupo de trabajadores o, incluso, a una sola persona. Por ejemplo, en el último semestre de 2018, han realizado un estudio para el Servicio Navarro de Empleo sobre la aportación del valor de las personas en el sector de la construcción, cuyos datos presentan este mes de febrero. Y entre sus clientes se encuentran Agrozumos, Isri, Sunsundegui, Agrocapelu, o Guillem Construcciones. Además, realizan procesos de selección para varias empresas y tienen varios proyectos presentados en otras empresas, pendientes de ponerse en marcha. “Con la CEN tenemos una alianza, formamos parte de su grupo de consultores especializados. Confía en nosotras y estamos trabajando en el proyecto Mejora de la competitividad a través de las personas”, añaden.

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La Era, el germen de Chrysalida

Constituidas como microcooperativa desde junio de 2018, la historia de estas dos emprendedoras se remonta 9 años atrás, cuando coincidieron en una comida y comprobaron la buena sintonía que tenían. En esos momentos, Puy era la directora de recursos humanos de Florette y Artemis trabajaba como consultora. Siguieron teniendo contacto y, años más tarde, cuando Puy decidió dar un giro a su vida y dejar su trabajo, pensaron que era buen momento para empezar un proyecto juntas. Puy conocía que en la zona de la Ribera existía una inquietud en temas de recursos humanos y, para cubrir esa necesidad, montaron una red de trabajo gratuita, La Era, en la que invitan a las empresas a contar sus experiencias en este ámbito. “En estos encuentros generamos dinámicas para que las empresas asistentes puedan aprender. Nuestra misión es dinamizar y extraer conclusiones de esas sesiones de trabajo para después difundirlas entre los asistentes”, exponen.

Con esta iniciativa confirmaron que hacían muy buen equipo y empezaron a gestar Chrysalida: diseñar el producto, estudiar las estrategias, pensar cómo dirigirse al mercado, ver qué necesidades hay, cómo diferenciarse… Les comentaron que mejor la opción era constituirse como microcooperativa, así que acudieron a Anel. “Nos dieron la formación inicial y nos han ayudado en todo, a gestionar los papeleos, a pedir las subvenciones y ayudas a las que podemos optar… Sobre todo se agradece la ayuda moral porque al principio no tienes dinero, no cobras y tienes que invertir bastante, pones dinero de tu bolsillo. Son muchos gastos y tienes que estar muy segura de que va a salir bien”, explican.

Artemis y Puy consideran que Anel es “una asociación muy potente, que te aporta desde el primer momento” y no dudaron en asociarse ya que “tienes acceso a formación, asesoramiento y estás dentro de la comunidad. Puedes establecer colaboraciones y alianzas con las otras empresas”. Si hay algo que define a esta pareja es su inquietud por crecer, mejorar y avanzar. “Queremos diferenciarnos del resto y sobrevivir. Ya tenemos en mente proyectos novedosos que esperamos poner en marcha en un futuro” concluyen.

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