Un espacio creativo, vivo y cálido dónde echar a volar la imaginación

7. marzo 2017 | Por | Categoria: Creación de Empresas
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 Una ciudad antigua situada en la parte centro-oriental de la isla de Malta y declarada Patrimonio de la Humanidad por la Unesco en 1980 , es una de las áreas históricas con más monumentos por metro cuadrado del mundo. Pero volvamos a Pamplona, concretamente al joven barrio de Ripagaina en el que llama la atención el estilo y el mimo con el que sus locales adornan las calles.

Justo en el número 5 se encuentra la librería La Valeta con un escaparate que invita a entrar y a conocer el local, un lugar mágico, dónde al igual que en la capital maltesa, en tan sólo 70 metros cuadrados podemos encontrar tesoros que van desde los libros ilustrados más hermosos a sorpresas como conciertos para toda la familia.

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Los dos socios de la nueva micro cooperativa de Economía Social y asociada a ANEL que abrió sus puertas el pasado mes de octubre, Miguel Sadaba y Mikel Olaiz, están encantados con la acogida que ha tenido en el barrio el proyecto de sus vidas. “Tanto el ayuntamiento del Valle de Egüés como los vecinos nos han recibido con los brazos abiertos”, cuentan ambos. Y es que Ripagaina es un barrio de reciente creación, de gente joven con sentimiento y ganas de formar comunidad “de hacer barrio”.

“Son personas inquietas y muy interesadas por la cultura en general. Por eso, añaden, la librería supone el lugar perfecto para el encuentro entre los clientes y vecinos”, un espacio en el que conversar, en el que aprender, observar, dibujar e incluso aportar ideas para la programación.

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La Valeta, un lugar del que salir aprendiendo

La tienda “es una prolongación de nosotros, de lo que nos gusta y de nuestra manera de ser. Nuestro deber como tienda es ser un reclamo en todos los sentidos. Para nosotros supone algo de lo que vivir, pero sobre todo, un proyecto común donde desarrollarnos. Es una suerte plantear una empresa así, dónde la opinión de los dos socios vale lo mismo”, opinan. “ Queremos que se perfile una tienda donde convivan los valores culturales con los propios de un comercio, donde la gente pueda venir a hablar de libros, vamos, un sitio del que salgas aprendiendo cosas”, subrayan.

Existen muchas librerías en Pamplona y Comarca pero son dos los valores que diferencian a esta factoría de sueños creativos. En primer lugar, La Valeta se perfila como un espacio participativo en el que disfrutar, conversar e intercambiar opiniones, tanto en relación a la librería como a la vida en general: “nuestra idea es que la gente venga, nos interesa establecer una conversación, la relación con el entorno. Y en segundo lugar, el factor creativo, el valor que dan a la gráfica y al libro: “los que somos padres, tenemos un aliciente y es que los niños vengan a leer. Este barrio tiene un potencial artístico brutal,”, matizan.

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De esta manera, no se centran únicamente en la venta de libros, si no que ofrecen diversos servicios. En primer lugar, la librería cuenta con productos de distribuidoras cercanas, libro infantil ilustrado, juvenil y adultos en castellano, euskera e inglés. En segundo lugar, ofrecen juguetes didácticos que engloban a las manualidades, puzles, origamis, kirigamis, etc.

La copistería y papelería suponen otra de sus aportaciones y por el momento ofrecen “los servicios básicos” como impresión, plastificado, encuadernación “daremos pasos para que vaya aumentando el material gráfico”, cuentan. Por último, las actividades tales como exposiciones, talleres infantiles, cuentacuentos, presentaciones de libros, conciertos en las que participan públicos de todas las edades”, afirman.

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El origen de La valeta, de la mano de ANEL

Están felices porque éste era y sigue siendo su sueño, una llama a la que alimentan con la ilusión de cada día, del esfuerzo y trabajo diario. Ambos provienen del mundo de la cultura y las letras. Miguel ha trabajado en editoriales, maquetando y diseñando libros y Mikel es conocido por su larga trayectoria en una tienda de música y libros muy popular en la capital navarra. “Mikel buscaba algo relacionado con su trabajo y a mí me gustaba la idea de hacerlo en este barrio, Ripagaina”, narra Miguel. “Ahí comenzó la alianza”, añaden. Tras un curso de formación descubrieron que el formato de la microcooperativa era el idóneo para ellos.

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Fue en el Centro de Formación Iturrondo de Burlada dónde escucharon, por primera vez, el nombre de la Asociación de empresas de Economía Social de Navarra. Contactar con ANEL “nos sirvió para ponernos a rodar y para darnos un baño de realidad. Son personas que se han preocupado y se preocupan mucho por nosotros, siempre están muy pendientes. Probablemente no lo hubiésemos podido hacer sin su ayuda. Estábamos perdidos ya que nunca habíamos sido empresarios, nos estimularon mucho y teníamos unas condiciones muy buenas para poner en marcha el proyecto. Así, muchas de las cosas que nos explicaron encajaban perfectamente con nuestra filosofía”, concluyen.

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